¿Por qué abordar esta problemática desde los derechos humanos?
Alcohol y derechos humanos
El consumo de alcohol no es solo un problema sanitario individual: afecta de manera estructural el ejercicio de derechos fundamentales y profundiza desigualdades preexistentes. Como sustancia psicoactiva no esencial, genera daños prevenibles que los Estados tienen la obligación de prevenir, regular y mitigar, conforme a sus compromisos en materia de derechos humanos, salud pública y desarrollo sostenible.
Derecho a la salud
El alcohol, causalmente vinculado a más de 200 enfermedades, sobrecarga y debilita a los sistemas de salud.. Los Estados tienen la obligación de adoptar políticas regulatorias eficaces para reducir factores de riesgo prevenibles. La falta de políticas públicas , limita el acceso equitativo a la salud y a servicios de prevención y tratamiento, vulnerando así, el derecho a la salud de las personas.
Derechos de niñas, niños y adolescentes
La exposición temprana al consumo,incentivada por el marketing y la normalización social, incrementa el riesgo de consumo y dependencia en las infancias en etapas posteriores. Además, el consumo de alcohol por adultos está vinculado a violencia intrafamiliar, lo que afecta principalmente a niñas, niños y adolescentes. Los Estados tienen la obligación reforzada de proteger el interés superior del niño, lo que exige restringir integralmente la publicidad y promoción del alcohol, especialmente en entornos digitales.
Desigualdades socioeconómicas y de género
Los daños del alcohol no se distribuyen de manera equitativa. A igual nivel de consumo, las personas en situación de vulnerabilidad socioeconómica enfrentan consecuencias más graves por su menor acceso a salud, protección social y justicia.
En términos de género, aunque los hombres consumen más, las mujeres enfrentan impactos desproporcionados: el alcohol está estrechamente vinculado a la violencia de género y su consumo durante el embarazo genera daños graves y permanentes al niño/a. El marketing dirigido a mujeres y adolescentes normaliza el consumo sin visibilizar sus riesgos.
